Paracetamol o ibuprofeno: Cómo tomarlos sin riesgos

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Si se hiciera una encuesta a nivel estatal, en pocos botiquines de los hogares españoles faltarían paracetamol e ibuprofeno, dos de los medicamentos más consumidos en España. Expedidos sin receta, son muchos los que los usan indiscriminadamente para combatir múltiples dolencias, desde dolores de cabeza y espalda a molestias menstruales o fiebre.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que no habría que automedicarse y siempre consultar a un profesional sanitario, ya sea el farmacéutico o el médico. Paracetamol e ibuprofeno no son iguales y tienen contraindicaciones. La elección de uno u otro debería depender de lo que se quiera tratar, del tipo de paciente y de sus problemas previos de salud, si existen. También hay que tener cuidado con las dosis, pues rebasar los límites tolerables puede tener consecuencias nefastas a nivel hepático y digestivo, además del riesgo de interacción con otros fármacos.

Paracetamol

En líneas generales podemos decir que, mientras el ibuprofeno y el paracetamol comparten propiedades analgésicas, el paracetamol es mejor como antitérmico, es decir, cuando además de dolor hay fiebre.

El paracetamol no es agresivo para el estómago y es el fármaco más adecuado para mujeres embarazadas y durante la lactancia, niños y personas mayores en caso de dolor y fiebre. Sin embargo, a altas dosis, puede dañar gravemente el hígado. Su uso no sería recomendable en personas con insuficiencia hepática. También deben tener especial precaución aquellas de edad avanzada o con problemas con el alcohol.

En cuanto a la posología, las dosis de 500 o 650 miligramos suelen ser suficientes para aliviar el dolor o bajar la fiebre. En cualquier caso, la dosis diaria en adultos no debería superar los cuatro gramos. Más allá de este umbral, se considera tóxico y podría provocar un problema hepático grave.

Hay que tener en cuenta que el paracetamol está presente también en combinaciones de fármacos como los antigripales, para no duplicar dosis.

Ibuprofeno

Frente al paracetamol, el ibuprofeno puede presumir de su acción antiinflamatoria. Por eso, el ibuprofeno es un analgésico y antiinflamatorio adecuado para aliviar dolores leves o moderados (dolores menstruales, musculares, dentales, de cabeza, etc.). También combate la fiebre y es útil en otros procesos inflamatorios.

En cuanto a las contraindicaciones, su uso se desaconseja en pacientes con úlcera gástrica, insuficiencia renal o hepática grave, pero también deberían tomar precauciones quienes estén tomando antihipertensivos. Es conveniente tomarlo junto con la comida y, si el uso es reiterado, con protectores de estómago.

La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) alertó en 2015 del riesgo cardiovascular asociado al consumo en altas dosis de ibuprofeno y dexibuprofeno, recomendando a los médicos no prescribirlos en dosis altas a pacientes con patología cardiovascular grave como insuficiencia cardiaca, cardiopatía isquémica establecida, enfermedad arterial periférica o enfermedad cerebrovascular.

La dosis más recomendable de ibuprofeno es 400 miligramos, más que suficiente para tratar las dolencias habituales. Con este fármaco, la dosis máxima para evitar la toxicidad es de 1.800 miligramos al día, con excepciones de hasta 2.600 miligramos en casos autorizados y prescritos por los profesionales sanitarios. Al contrario de lo que se cree, en la mayoría de los casos no es necesario tomar la dosis de 600 mg, la más vendida y que requiere receta médica, aunque se suela obtener sin ella.

Contra la resaca, ni paracetamol ni ibuprofeno: agua. En contra de esa tendencia general a medicarse para paliar el dolor de cabeza que provoca una resaca, tomar estos fármacos tras la ingesta de alcohol es sinónimo de sumar puntos para acabar sufriendo un problema hepático o renal.

Usar las dosis más bajas y solo cuando sea necesario

Tan importante como vigilar las dosis es espaciar el consumo de estos medicamentos, pues si uno los puede tomar cada 12 horas, siempre será mejor que hacerlo cada seis u ocho. En caso de tomarlos sin receta, hay que tener cuidado por si se da alguna interacción con alguna patología que tengamos u otros medicamentos que estemos usando. Para evitar incompatibilidades, lo mejor es consultar siempre a los profesionales sanitarios.

Como vemos, el hecho de que un medicamento se dispense en las farmacias sin receta no es sinónimo de que sea inofensivo. Su uso debe ser solo ocasional y utilizando únicamente la dosis más baja que nos sea efectiva; mucho mejor si van acompañados de una prescripción médica. De lo contrario, si los tomamos de forma prolongada en el tiempo e indiscriminada, o a altas dosis, podemos dañar seriamente nuestra salud a largo plazo.

Rafael Espinosa

Agente exclusivo de Sanitas

Nº 26.198

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